Después de organizar el Memorial Galerna del Cantábrico nos fuimos dirección Burgos. Me confundí de camino para llegar a Las Machorras y perdimos un poco de tiempo, pero se solucionó bien. Nos bajamos un poco para ver las cabañas de una de las cuatro zonas pasiegas, la única fuera de Cantabria. Hacía mucho frío y niebla así que tampoco estuvimos mucho. De allí bajamos hasta Espinosa de los Monteros, conocida por albergar durante la Edad Media a los Monteros de Espinosa, un cuerpo de la Guardia Real. Vimos la plaza de Sancho García, el fundador de este cuerpo, el palacio de Chiloeches y la torre Ilustre, entre otras cosas. Después fuimos a Ojo Guareña (foto), un conjunto de cuevas de las que solo puede visitarse una, además de verse en la misma visita la ermita de San Bernabé. Muy recomendable. Ya era tarde, así que decidimos acortar la ruta visitando directamente Puentedey, un pequeño pueblo que nos gustó mucho, con su puente natural debajo de las mismas casas del pueblo. De allí fuimos a Villarcayo, que sin duda fue lo que más nos decepcionó del viaje por su tristeza. De allí íbamos directos al hotel, pero paramos en Huidobro para ver el dolmen, que para mi resultó ser lo mejor del día, magnífico.
Al día siguiente fuimos a Atapuerca para ver los yacimientos, que fueron muy amenos y claros. También muy recomendable. Por la tarde visitamos el enorme museo de la Evolución de Burgos, y dimos una vuelta por la ciudad, cenamos, y para el hotel. Ya de vuelta a casa paramos en Vivar de Cid, lugar donde supuestamente nació el Cid, pero que apenas tiene nada interesante que visitar, exceptuando una iglesia y alguna estatua del Cid. De allí nos fuimos a Valdelateja para comenzar la ruta por los Cañones del Ebro, aunque finalmente no la realizamos y realizamos otra ruta más corta, la subida a la ermita de Santa Centola y Santa Elena, desde donde había unas vistas magníficas (foto). Después fuimos a Busnela a ver el dolmen, que también está muy bien conservado, y de allí al Túnel de la Engaña en su parte castellana. Miramos si había algo interesante en Soncillo y nos volvimos a casa, no sin antes parar a tomar un helado en Ontaneda.
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