Aprovechando un puente y la conexión de Ryanair hasta Mallorca, alquilamos un coche y en cinco días intentamos conocer parte de la isla. Llegamos por la tarde, recogimos la llave del apartamento y nos fuimos a cenar por Mallorca, conociendo el paseo marítimo y algunos puntos de interés cercanos como el Palacio Real de La Almudaina, la catedral de Santa María y los alrededores. No llegamos muy tarde porque al día siguiente nos levantamos pronto para ir a la zona noreste. Fuimos directos a la cueva de Artá, aunque paramos en Cala Millor para intentar conseguir información turística. Llegamos a la cueva después de subir por una carretera que tenía unas vistas magníficas del pueblo de Canyamel, donde también vimos su torre. La entrada fueron 12 euros, pero mereció la pena por las formaciones que vimos y por el lugar que ocupa entre los acantilados (foto).
Después fuimos hasta Capdepera para ver el castillo, aunque estaba cerrado. El pueblo es bonito, tranquilo, y con vistas muy buenas desde lo alto. Habíamos comprado pan, así que fuimos a Artá y comimos allí, delante de la iglesia de la Transfiguración del Señor. Después seguimos subiendo escaleras para llegar a Sant Salvador d’Artà, desde donde había unas vistas maravillosas de todo el pueblo. Después bajamos a la plaza principal, tomamos algo y nos fuimos a la península de Formentor, donde encontramos un mirador lleno de coches viendo las vistas. Paramos un rato (foto) y seguimos por una carretera sinuosa hasta llegar al extremo, donde se encuentra el faro de Formentor. A la vuelta nos desviamos en el mirador anterior para subir a unas ruinas que hay en la parte superior. Allí ascendimos a una torre y vimos el atardecer. Para terminar el día fuimos hasta Alcudia, que conserva muy bien el trazado medieval, tiene una muralla y torres bien conservadas y además posee el único vestigio romano que se puede visitar en la isla, Pollentia, al que no pudimos entrar porque estaba cerrado. Por la noche salimos un poco por Palma, cenamos y vimos el ambiente del paseo Marítimo.
El siguiente día fue dedicado a la capital, Palma. Recorrimos otra vez el puerto deportivo, hasta llegar a la catedral de Santa María, vimos el palacio de la Almudaina, el Ayuntamiento, el casco antiguo, y el castillo de Bellver. Una vez que terminamos nos quedaba todavía tiempo de luz, por lo que decidimos ir por la costa oeste de la capital. Buscábamos un faro y paramos en Portals Vells, una pequeña cala con un color especial, aunque no encontramos el faro. Después fuimos a El Toro, donde vimos Port Adriano, el puerto del pueblo que rebosaba lujo en cada barco. También estuvimos asomados a algún mirador de Santa Ponça y nos volvimos para cenar en Palma.
El último día fuimos hacia la costa suroeste, primero a Port d´Andratx, donde subimos a una urbanización en lo alto que tenía unas vistas increíbles. Después fuimos a Sant Elm para ver la isla de Dragonera justo enfrente, y dimos un paseo por el pueblo. Una vez que salimos de allí nos dirigimos a Port de Sóller por toda la costa, parando en la torre del Verger, en un mirador y después en Valldemossa, donde comimos y dimos un paseo por este pueblo encantador. Después seguimos hasta Sa Pedrissa para ver el saliente de la cala de Sa Costa Brava (Sa Foradada). Poco después paramos en Deyá, otro pueblo precioso, con unas vistas desde el cementerio impresionantes. Poco después llegamos por fin a Port de Sóller, donde pudimos ver tranquilamente todos sus faros. Durante todo el trayecto fuimos conduciendo a través de la Sierra de Tramuntana que es Patrimonio de la Humanidad. Al día siguiente por la mañana fuimos a ver el castillo de Bellver por dentro y nos fuimos de vuelta a casa.
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